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Andrés Rebolledo, director de OLADE

Apagones en cadena: ¿Puede Latinoamérica blindar su sistema eléctrico?


Por Paola Pedraza

En las últimas semanas, América Latina ha enfrentado apagones masivos que han evidenciado la vulnerabilidad de sus redes eléctricas. El 25 de febrero de 2025, Chile sufrió un apagón que afectó a más del 90% de la población debido a una falla en una línea de transmisión de alta tensión, lo que tuvo un impacto negativo en el sector de energías renovables, con un vertimiento masivo de energía y grandes pérdidas económicas. En Buenos Aires, el 4 y el 5 de marzo de 2025, dos apagones en menos de 24 horas afectaron a más de 600,000 personas durante una ola de calor, exponiendo la fragilidad del sistema eléctrico argentino, marcado por la obsolescencia de la infraestructura y la falta de inversiones.

Además, el 16 de marzo de 2025, Panamá vivió un apagón nacional a causa de la explosión de un transformador en una planta termoeléctrica, lo que resalta la vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas convencionales. Mientras tanto, Cuba sigue sufriendo una pesadilla a oscuras sumando a sus apagones continuos una previsión para el horario pico que anticipa un déficit severo, con más de 1.300 MW de diferencia entre demanda y capacidad disponible hasta el 30 de marzo según La Unión Eléctrica (UNE).

Alerta en Latinoamérica

Estos apagones encienden la alarma en todos los países latinoamericanos y hacen replantearse si sus sistemas eléctricos están listos para afrontar las demandas de energía, especialmente en condiciones extremas como las olas de calor, inundaciones y las sequías extremas, ya que los eventos reflejan no solo la fragilidad de las redes de la región, sino también la dependencia de fuentes de energía convencionales, lo que sigue siendo un desafío para garantizar la estabilidad del suministro eléctrico en la región.

En entrevista con Review Energy, Andrés Rebolledo, director ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), compartió su visión sobre los desafíos que enfrentan los sistemas eléctricos de América Latina, especialmente ante fenómenos climáticos extremos como los ya mencionados. Rebolledo abordó la importancia de fortalecer la infraestructura energética regional y la necesidad de un enfoque integral para mejorar la resiliencia y optimizar la transmisión y distribución de energías renovables.

Review Energy (R.E.): Las recientes olas de calor en América han sido señaladas como un factor que sobrecarga el sistema eléctrico. ¿Qué estrategias podrían implementarse para hacer las redes más resilientes frente a eventos climáticos extremos, que se están volviendo cada vez más frecuentes?

Andrés Rebolledo Smitmans, (A.R.S): Dado los nuevos retos a los que deben enfrentarse los sistemas energéticos ante la presencia, con mayor frecuencia e intensidad, de fenómenos climáticos que afectan a su infraestructura, es necesario un cambio de paradigma en los criterios de diseño y operación de estos sistemas.

El concepto tradicional de “confiabilidad”, entendido como la probabilidad de que los sistemas funcionen correctamente cuando sean requeridos, debe ser sustituido —como efectivamente lo está siendo— por el concepto de “resiliencia”. La resiliencia va más allá de la confiabilidad y se refiere a la capacidad de los sistemas para afrontar y absorber perturbaciones provocadas por fenómenos adversos, así como para recuperar rápidamente su condición inicial.

Si bien ambos conceptos no son excluyentes, la resiliencia va más allá de la confiabilidad e implica inversiones adicionales, por ejemplo, en sistemas de respaldo. Esto conlleva la necesidad de asumir nuevos costos, los cuales deben incorporarse a la ecuación tarifaria.

No obstante, estas inversiones resultan necesarias, ya que algunas estimaciones indican que, por cada dólar invertido en infraestructura resiliente al clima, se lograría un ahorro de hasta seis dólares en remediación y recuperación.

R.E.: Dado que algunos de los apagones que ponemos en consideración fueron causados por fallas en grandes nodos de transmisión, ¿podría la descentralización de la generación eléctrica mediante energías renovables ayudar a prevenir cortes masivos? ¿Qué desafíos enfrenta América Latina para integrar estas tecnologías en la red?

A.R.S.: Dentro del proceso de transición que experimentan los sistemas eléctricos, una opción válida y viable es la generación distribuida, permitiendo aprovechar las fuentes renovables de energía, reduciendo al mismo tiempo la presión sobre las redes de transmisión y distribución.

Algunos países de la región reportan avances significativos en esta materia. Brasil, junto con Chile y México, lidera el desarrollo de la generación distribuida gracias a la implementación de políticas y normativas que han fomentado su crecimiento.

Sin embargo, esto no excluye la necesidad de aprovechar las energías renovables en las zonas con mayor disponibilidad de recursos energéticos y mejores condiciones para su desarrollo, que suelen estar alejadas de los grandes centros de consumo y requieren, por tanto, grandes redes de transmisión.

Si bien la generación distribuida puede contribuir a mejorar la seguridad del sistema eléctrico, no sustituye a los grandes centros de producción. La solución, entonces, radica en dos enfoques complementarios: por un lado, incentivar la generación distribuida y, por otro, fortalecer los sistemas de transmisión, dotándolos de la capacidad, confiabilidad y resiliencia necesarias.

R.E.: Los países de LATAM hacen un gran esfuerzo para incorporar las energías renovables. Casos como el de Chile, en donde se está vertiendo hasta el 63% de la generación renovable, podría suceder en toda la región si los apagones continúan?

A.R.S.: La transición energética, con las particularidades propias de cada país de la región que ha emprendido este camino, se ha enfocado en una primera etapa en la necesidad de sustituir fuentes de generación altamente contaminantes por otras, generalmente basadas en energías renovables o en combustibles más amigables con el ambiente.

Por otra parte, en un inicio, el desarrollo de la generación distribuida se entendió como un mecanismo idóneo para postergar o evitar inversiones en nuevas redes de transmisión. Sin embargo, la experiencia de Chile y de otros países de la región pone de manifiesto la necesidad de abordar el desarrollo de los sistemas eléctricos de manera integral, considerando toda la cadena de valor de la energía eléctrica. Este proceso comienza en la generación y requiere de una infraestructura de transmisión y distribución eficiente para garantizar que la energía llegue al usuario final.

Los vertimientos no solo representan una pérdida para los inversionistas, sino, fundamentalmente, para los usuarios y la sociedad en su conjunto, que no puede acceder plenamente a los beneficios económicos y ambientales del desarrollo renovable. Los casos recientes han evidenciado la urgencia de fortalecer y expandir las redes de transmisión para aprovechar debidamente la producción de energías renovables.

Esta realidad exige acciones inmediatas por parte de los responsables de la política pública y de los organismos reguladores, con el fin de generar no solo incentivos, sino también mecanismos y herramientas que permitan el desarrollo armonioso e integral de la infraestructura energética.

R.E.: ¿Cuáles son los países de América Latina que están en mayor riesgo de sufrir apagones debido a la falta de inversión y modernización en su infraestructura de red eléctrica?

A.R.S.: Los problemas experimentados recientemente por algunos países de la región podrían extenderse hacia otros si no se adoptan los correctivos necesarios para avanzar en el fortalecimiento de las redes.

Por otra parte, algunas experiencias recientes, sobre todo de países que enfrentaron serios problemas de abastecimiento por efectos climáticos, nos muestran que la integración regional, a través de las interconexiones internacionales y la creación de mercados subregionales de energía, pueden constituir una alternativa que eviten o mitiguen este tipo de problemas.

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